Archivos Mensuales: julio 2015

El Ayuntamiento de Madrid lleva razón

Hace unos días el Ayuntamiento de Madrid estableció una unidad en su Departamento de Comunicación que tenía como objetivo monitorizar –a través de una web- los medios de comunicación, corrigiendo la información incorrecta y sesgada que tales medios puedan proveer sobre cualquier política pública que se genere y/o aplique por las autoridades municipales, así como otras intervenciones que afecten a los ciudadanos de ese municipio.

Ni que decir tiene, tales medios de comunicación se movilizaron en masa liderados por la Federación de Asociaciones de Prensa de España (FAPE), acusando a las autoridades de tal municipio de querer limitar la libertad de expresión, asumiendo incorrectamente que dicha libertad existe hoy en España. Una observación rápida de los mayores rotativos y de las principales cadena de televisión, tanto privados como públicos, muestra claramente la escasísima (en realidad, nula) variedad ideológica de los medios de información, tanto radiofónicos como prensa escrita en papel y televisión. En todos estos casos, tales medios promueven el ideario de sus propietarios, en el caso de los medios privados, y de las fuerzas políticas que los controlan, en el caso de los medios públicos. Y todos ellos son de derechas o centro-derecha. Y a lo que más se llega es a un ligerísimo centro-izquierda (más centro que izquierda), pero en ningún caso a izquierda.

Si el lector cree exagerada esta observación, le invito a que me encuentre uno de los mayores medios de comunicación (aunque solo sea uno) que haya editorializado a favor del gobierno Syriza en su oposición a las políticas de austeridad impuestas por la Troika. Compruébelo y lo verá. ¡Ni uno! ¡Y ello en un país de cuarenta y seis millones de ciudadanos! Sí que hay voces críticas (poquísimas) que tienen acceso a tales medios, un acceso sumamente limitado para colaboradores de izquierda. En realidad, hay en España una dictadura mediática de la cual la población española no es plenamente consciente, pues los propios medios se encargan de dar la impresión de que sí que hay libertad de prensa, presentando un poco de variedad dentro de un marco sumamente limitado. En realidad, los propios medios presentan lo que ellos llaman voces de izquierdas, previamente seleccionadas, para que no desentonen demasiado. Aparece así la izquierda “respetable”, que ocupa estos puestos asignados regularmente a las izquierdas. Es interesante señalar que esta izquierda respetable (por lo general ex comunistas o socialistas), para ganarse la respetabilidad que se le exige, añade su voz para criticar a las izquierda a la cuales adjetiva como radicales, utópicas, o últimamente bolivarianas. Es cierto que más recientemente ha aparecido en España una cierta tolerancia hacia estas últimas voces de izquierda, definida (por la sabiduría convencional) como radical, como consecuencia de que el radicalismo de esta nueva izquierda es sumamente popular y la popularidad de los programas, donde aparecen tales voces, aumenta con su presencia. La Sexta es un ejemplo de ello. Pero cuando esto ocurre en las tertulias, hay siempre una mayoría de voces del establishment para intentar neutralizarlas. Siempre aparecen en situaciones minoritarias, padeciendo, por cierto, muchos abusos, como ocurre en el programa La Sexta Noche, donde las estridencias, abusos verbales y falsedades provenientes de los tertulianos de derechas son una constante. Es interesante señalar que el extremismo de la derecha española aparece cuando define a La Sexta como el canal de izquierdas, por permitir, siempre en posición minoritaria, a voces de la nueva izquierda en algunos de sus programas.

La situación en Catalunya es incluso peor

En Catalunya la situación es incluso peor, pues el control y diversidad ideológica es mucho menor. No hay en las tertulias voces de izquierdas, excepto algunas que intentan ser muy respetables y que, incluso siéndolo, aparecen infrecuentemente. Así pues, la diversidad ideológica en los medios catalanes es incluso más limitada que en España. Y la instrumentalización de los medios públicos de la Generalitat, promoviendo el independentismo por una parte y el neoliberalismo por otra, es abusiva en extremo. Vean sus programas y sus tertulias (o su programa de “Classe d’Economia” de TV3), y se darán cuenta de la certeza de esta observación. La manipulación de tales medios públicos por el partido gobernante no tiene nada que envidiar a la manipulación de TV1 por el gobierno del PP.

Ante esta situación el ciudadano está totalmente desprotegido. Los medios tienen secciones que se autodefinen como “los defensores del lector”, que consisten en un mero ejercicio de márquetin, ya que no abordan la enorme desinformación y ocultación de la realidad que hay en los medios. Ejemplos de ello los hay a montones, como la cobertura de Podemos por parte de El País. Cuando hubo el acto de presentación de Podemos en Barcelona, en un barrio popular, en Horta (21.12.14), estaba entre los asistentes el que fue alcalde de la ciudad, y más tarde Presidente de la Generalitat, mi amigo Pasqual Maragall (sentado cerca de mí). Cuando el público, que abarrotaba el estadio, lleno a rebosar, notó su presencia, le ofreció una gran ovación (el socialista Pasqual Maragall fue el alcalde más popular que Barcelona haya tenido). Pues bien, cuál no fue mi sorpresa cuando El País dijo, al día siguiente, que en lugar de recibir una ovación, había sido abucheado. Y cuando escribí exigiendo una corrección, ni se dignaron en responderme, y como era de prever, no hubo ninguna corrección. La derecha pujolista, representada por el Sr. Joan B. Culla, el intelectual orgánico del nacionalismo de derechas, que tiene una columna semanal en El País, publicó de nuevo esa noticia, sin que, otra vez, hubiera ninguna corrección. Por desgracia, esta situación es muy representativa. El ciudadano no está protegido frente a tanta corrupción (y no hay otra manera de definirlo) mediática.

El miedo de las autoridades públicas frente al cuarto poder

Y el miedo que tienen las autoridades públicas hacia los mayores medios de información explica que esta dictadura mediática (el mayor obstáculo para el pleno desarrollo de la democracia española) se reproduzca con toda su cultura y por su propia casta mediática (los presentadores y los tertulianos, además de escasamente variados, tienen una permanencia enorme). El Sr. Culla ha sido tertuliano en TV3 y en Catalunya Ràdio durante años. Dentro de su falta de diversidad, hay una fijación de puestos que responde a los intereses ideológicos, poco afines a la experimentación, incluso dentro de su propia línea política.

Este miedo a los medios apareció recientemente en la comisión parlamentaria en Catalunya que investigó la corrupción en la vida política catalana, centrándose en el caso Pujol (cuyo máximo defensor siempre fue, por cierto, el Sr. Culla) y sus derivados. En su informe, la comisión mostró hasta qué punto el famoso oasis catalán era un charco putrefacto. Pero lo que es incluso más notable y digno de mención –y que no aparece en el informe- es que los medios de comunicación de Catalunya sabían que era un charco putrefacto, y permanecieron callados, con un silencio ensordecedor. Los medios –todos los principales rotativos en Catalunya y los mayores canales de televisión- sabían de la enorme corrupción en el establishment convergente conservador (del cual el Presidente Mas es el heredero). Y no dijeron nada. Repito, no dijeron nada. Y cuando escribí al presidente de la comisión parlamentaria, el dirigente de las CUP, el Sr. David Fernández, quejándome por ello de que dicha comisión no hubiera analizado las causas de este silencio ensordecedor, me respondió que no tuvieron tiempo de hacerlo. Y ahí está el punto clave. Seguro que el Sr. Fernández decía la verdad. No dudo ni un segundo de su honorabilidad. Pero el tiempo es una variable que depende de la prioridad política. Y es una lástima que no se considerase que era un tema prioritario mostrar y denunciar que los medios habían sido cómplices de tanta corrupción. La verdad es que el Parlamento catalán no se atrevió.

Y ahí está el problema. Los políticos no se atreven a meterse con los medios –el cuarto poder-. Siempre me frustra que los dirigentes de izquierdas sean tan respetuosos y dóciles con los periodistas y con los medios, siendo estos los mayores cómplices de la falta de libertad de expresión que dicen defender. Y los Colegios de Periodistas, ocupándose exclusivamente de los intereses corporativistas de su medio, permanecen callados sobre esta situación que no puede definirse de otra manera que escandalosa. Y, por cierto, he mirado el contenido académico de las carreras universitarias de periodismo en España, y es sorprendente la falta de visión crítica que aparece en ellos.

Una última observación

Considerando la falta de diversidad ideológica en los medios, aplaudo la decisión de un municipio de izquierdas, como el de Madrid, que intenta proteger a la ciudadanía, denunciando la desinformación de los mayores medios. Se me dirá que no debería ser una autoridad pública la que realizara este análisis y denuncia. Pero dicho argumento ignora que una función pública es garantizar que la información proveída sea veraz, defendiéndose de la continua manipulación ampliamente practicada por tales medos. Que en situaciones ideales sería mejor que lo hiciera un medio independiente, yo estaría de acuerdo. Pero en la vida real, donde las derechas controlan todos los medios, me parece razonable y lógico que las izquierdas utilicen sus recursos para enriquecer la libertad de expresión, intentando corregir el continuo sesgo de los medios que, más que de información son de persuasión. Felicito al Ayuntamiento de Madrid por ello. Sería aconsejable que otros gobiernos municipales progresistas lo hicieran también.

 

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¿Ves la diferencia?

 

 

Las mentiras del PP sobre el dinero prestado a Grecia

Estos días hemos asistido a un bochornoso espectáculo de declaraciones sobre el dinero que España ha prestado a Grecia y la supuesta firmeza que Rajoy y los suyos aplicarán para recuperar hasta el último céntimo de los “26.000 millones de euros”. Ello alcanzó su cénit con las declaraciones de Margallo afirmando que sin ese préstamo las prestaciones de empleo en España habrían subido un 50% o las pensiones un 38%.

Este artículo pretende dos cosas. La primera, explicar la verdad sobre las modalidades del crédito dado a Grecia y la cifra real, escondidas tras las mentiras del Gobierno. Y la segunda, explicar por qué la estrategia de Rajoy y de De Guindos estos días en el Eurogrupo es la carretera más recta para que España pierda todo el dinero.

En el año 2010 se concluyó el primer paquete de rescate a Grecia, por un valor de 110.000 millones de euros de los que 80 correspondían a créditos bilaterales concedidos por los Estados Miembros y 30 al FMI.

Eran créditos otorgados a través de un acuerdo firmado entre Grecia, el FMI, y los estados miembros acreedores, entre ellos España. De los 80.000 millones, a 1 de enero de 2015 se han desembolsado 52.900. En el esquema, España aporta el equivalente a su suscripción en el capital del Banco Central Europeo, es decir el 8,3%. Por lo tanto, de los 52.900 millones de euros, España ha desembolsado hasta ahora 6.650.

El tipo de interés aplicado a Grecia para estos créditos fue de entre el 5% y el 7%, un tipo muchísimo más alto que lo que pagaban entonces los Gobiernos por financiarse en los mercados.  Este tipo fue posteriormente reducido en una de las reestructuraciones de la deuda griega, pero los Estados Miembros ganaban y siguen ganando dinero con la operación. Vale la pena recordar la valoración de la misma que hizo Zapatero en abril de 2010 en el Congreso, usando como base de cálculo la última subasta de bonos a 3 años realizada entonces:

“Grecia pagaría por el préstamo alrededor de un 5 por ciento anual; la parte que correspondería en principio a España serían 183 millones de euros anuales, que nos pagaría Grecia, frente a los 73 millones que nos generaría de gasto a nosotros. El impacto global sobre las cuentas públicas sería positivo por valor de 110 millones de euros cada uno de los tres años que se espera se mantenga vivo el préstamo”.

No parece que podamos hablar de un esquema muy solidario. Además es importante señalar que la gran parte de este dinero no fue a parar a los griegos. La mitad del dinero prestado fue destinado a pagar vencimientos de deuda griega con las principales instituciones financieras  europeas (principalmente bancos franceses y alemanes). Es decir, el dinero que salió de nuestros bolsillos no terminó en manos de los griegos, terminó en los balances de la gran banca europea. Eso sí, ahora nos los deben los griegos. El programa de rescate del 2010 no fue un programa de rescate para los griegos. Fue un programa de rescate encubierto al sistema financiero europeo. No lo olvidemos.

Estos 6.650 millones de euros, por lo tanto, es todo lo que ha pagado España hasta ahora a Grecia, con los tipos de interés usureros señalados. ¿Por qué el Gobierno habla entonces de 26.000 millones?

El 14 de marzo de 2012 se decidió un segundo rescate para Grecia, se añadieron 130.000 millones al programa. Esta vez sin embargo el esquema no fueron créditos bilaterales, sino que se utilizó un mecanismo, el EFSF (European Financial Stability Facility) creado en 2010. En este caso, el EFSF toma prestado dinero en los mercados financieros con garantías de los Estados Miembros, y presta a su vez el dinero, hasta hoy a Grecia, Portugal e Irlanda. En el caso Griego, a 1 de enero de 2015 se han desembolsado 141.800 millones de euros de este segundo paquete. Las garantías españolas que le corresponden al mecanismo son un 12,8%. Eso significa que España ha aportado garantías a este segundo rescate a Grecia por valor de 18.150 millones de euro. Pero ojo, son garantías, ¡España no ha pagado de esta cantidad ni un sólo céntimo! Además, es importante señalar que las garantías se aportan a inversores privados que una vez más harán negocio a costa de los griegos, asumiendo el riesgo el resto de haciendas nacionales.

Resumiendo, España ha aportado al rescate griego 6.650 millones de un crédito bilateral a un tipo de interés del 5% (lo único desembolsado hasta ahora), con el que ganará dinero. Y ha aportado garantías a través del EFSF por valor de 18.150 millones, del que no se ha tenido que hacer de momento ni un solo pago. ¿Le debe Grecia 26.000 millones de euros a España? Falso.

Ahora bien (y este es el segundo punto del artículo), el rescate griego sí puede acabar costándole más de 20.000 millones de euros a España. Sucederá si el Eurogrupo continúa, como está haciendo estos días liderado por Alemania y apoyado por España, empujando a Grecia hacia la bancarrota y la salida del euro. Si ello sucede, Grecia impagaría sus obligaciones financieras al declararse en bancarrota, España perdería gran parte de los 6.650 millones prestados y se ejecutarían las garantías dadas al EFSF y entonces sí debería España desembolsar los 18.150 millones.

Grecia ya ha dicho que quiere devolver la deuda, que quiere tiempo. Ante ello España tiene dos opciones: tenderle la mano, y darle oxígeno para no perder el dinero, o empujarla como hace estos días De Guindos hacia la bancarrota y perderlo todo.

Conclusión: el PP miente con las cifras, y además hace con Grecia lo contrario de lo que predica. Defiende estos días sus intereses políticos, no el dinero prestado. Su principal objetivo es evitar que otro Estado miembro endeudado realice con éxito una política económica distinta a la suicida y socialmente depredadora seguida en España. Nada más. Y al perseguir este objetivo, poniendo a Grecia contra las cuerdas, están también poniendo en riesgo el dinero prestado y las garantías españolas en el EFSF, y de paso haciendo saltar por los aires cualquier concepción de lo que debería ser la solidaridad europea.

 

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La doctrina del shock

Película documental que nos explica la ideología de Friedman, tan impopular que sólo puede imponerse mediante la tortura y la represión, y cuya idea central es aprovechar las crisis, los desastres naturales, la guerra y la necesidad de un “peligroso enemigo”, para preparar el terreno con el que quebrar la voluntad de unas sociedades que, alcanzado ese estado de shock, renuncian a valores que de otro modo defenderían con entereza, dando paso al saqueo de los intereses públicos y la implantación de reformas en beneficio de las grandes corporaciones.

 

 

Diferentes en lo intrascendente; iguales en lo que importa.

40760_1Hay que confiar en la Comisión Juncker, el TTIP es necesario. La probada influencia de las empresas en las negociaciones no es relevante, el tratado de libre comercio entre Bruselas y Washington sólo traerá elementos positivos al Viejo Continente, y no supondrá la rebaja de normativas y estándares. No hay motivos para preocuparse porque pueda tener efectos adversos, ni por las denuncias de falta de transparencia en las negociaciones, ni tampoco sobre lo que apuntan los documentos filtrados, o las voces de quienes han accedido a los textos secretos: grosso modo, este es el argumentario de los defensores del TTIP, el acuerdo de libre comercio en torno al que este martes cerraban filas liberales, socialdemócratas y conservadores europeos, arropando con sus palabras a la Comisión Europea y a la titular de Comercio, Cecilia Malmström, la cara más visible de estas negociaciones.

“No vamos a aceptar que el TTIP reduzca la protección medioambiental o de los derechos de los europeos”, prometía por enésima vez la comisaria de Comercio este martes, durante el debate sobre el TTIP en el pleno de la Eurocámara, en Estrasburgo. Más de sesenta eurodiputados han participado en el debate, que arrancaba en torno a las ocho y media de la mañana y se prolongaba hasta la una de la tarde, y en el que ha quedado muy claro el compromiso de socialdemócratas y conservadores con la polémica alianza comercial.

De hecho, la llamada Gran Coalición alababa en varias ocasiones el trabajo de Malsmtröm, mientras la comisaria seguía su línea discursiva habitual para defender su alegría por el “control público sin precedentes” que considera recibe el acuerdo comercial. “EL TTIP es la negociación más transparente que se ha producido en un acuerdo de comercio bilateral”, afirmaba Malmström, obviando así las críticas de organizaciones y plataformas sociales que denuncian la opacidad de un tratado al que los propios europarlamentarios no pueden acceder íntegramente: sólo pueden leer una parte de los textos que no recoge las posiciones de Estados Unidos, lo hacen en habitaciones cerradas en las que no pueden entrar con dispositivos móviles, para las que tienen que pedir cita y en las que únicamente pueden permanecer durante dos horas por consulta, leyendo en inglés y bajo la atenta mirada de un funcionario.

Lejos de aceptar las críticas, Malsmström defiende que la mayoría de estudios reflejan que el TTIP creará una situación favorable en materia de empleo —aunque no da cifras—, y sólo reconoce que “uno o dos estudios” “se apartan” de esta visión, aunque asegura que el modelo usado por los informes de la Comisión es “el más adecuado”.
En esta línea, el eurodiputado del PP Esteban González Pons iba un paso más allá y pronosticaba incluso la creación de un millón de puestos de trabajo con la aprobación del TTIP, una cifra similar a la que vendía EEUU antes de la firma del acuerdo NAFTA con Canadá y México, que finalmente desembocó en la escenario opuesto.

La Eurocámara dialogaba este martes sobre el TTIP después de que el primer debate fuera pospuesto el pasado 10 de junio, y este miércoles afrontará la votación sobre el polémico informe de posición sobre el acuerdo. No es un documento vinculante, sólo refleja las directrices de la institución elegida por los europeos a la Comisión, responsable de negociar en nombre de los 28 estados miembro.

El presidente de la Eurocámara, Martin Schulz, aplazó la votación del pasado 10 de junio escudándose en el alto número de enmiendas que debían votar, pero el nuevo documento sólo suprime tres (serán 113), y otras cuatro pasan a ser sustituidas por la enmienda de compromiso que surge del nuevo pacto entre socialdemócratas y conservadores sobre el mecanismo de blindaje a las multinacionales o ISDS.

Contradicciones sobre el blindaje a empresas

Mientras Malmström pedía este martes una renovación del criticado ISDS, socialistas y conservadores pactaban el pasado jueves una enmienda que pide sustituirlo por el recurso a un tribunal de jueces. La resolución no especifica si este tribunal tendrá un carácter público o privado, como tampoco lo aclaraba Malmström en su comparecencia en Estrasburgo, y a juzgar por las declaraciones del lado estadounidense no parece probable que Washington vaya a aceptar dejar el ISDS fuera del acuerdo.

El rechazo explícito al ISDS es precisamente una de las exigencias de parte de los socialistas europeos, y previsiblemente mostrará este miércoles el grado de división existente en su grupo al respecto. “Los tribunales arbitrales han muerto y desaparecen de los acuerdos bilaterales”, aseguraba este martes Bernd Lange, presidente de la Comisión de Comercio Internacional y máximo responsable del informe, lo que también se contradice con la renovación que vende la comisaria del Interior.

Este martes, los socialistas rechazaban el recurso a este mecanismo, pero también lo hacían otros grupos que lo habían apoyado históricamente. La comisaria de Interior accedió a presentar una reforma -que no sustitución- del mecanismo tras la consulta popular en la que el 97% de los 150.000 europeos encuestados dijeron “no” al blindaje a las transnacionales, pero no ha tenido tan en cuenta las firmas de los 2,3 millones de ciudadanos que piden la paralización de las negociaciones.

Por su parte, los miembros de la llamada Gran Coalición no entran en el fondo de las críticas de organizaciones y movimientos sociales al TTIP, sino que prefieren cargar contra grupos como Los Verdes /ALE o la Izquierda Unitaria Europea (GUE/NGL) que comparten estas críticas, y a los que acusan de mentir o difundir medias verdades sobre el acuerdo para boicotearlo.

“Comunistas”, “populistas” o “radicales” eran algunos de los adjetivos con los que hoy se referían a ellos en la Eurocámara, comparándolos también con grupos de la extrema derecha, algunos también contrarios al TTIP.

Desde el GUE recuerdan que partidos de extrema derecha como el Frente Nacional francés defienden políticas ultranacionalistas, frente a las razones que llevan a la Izquierda Unitaria Europea, en la que se encuadran IU, Podemos o Syriza, a criticar el TTIP. Creen que el acuerdo superpone los derechos de las empresas a los derechos humanos, que defienden “independientemente del color de piel, raza o religión”, frente al discurso xenófobo del partido de Marine Le Pen.

Lo único claro sobre la votación de este miércoles es que parece imposible pronosticar su resultado. Haciendo números parece probable que el acuerdo entre socialistas y conservadores, sumado al apoyo de los liberales y otros grupos afines al TTIP sirva para sacar adelante el informe, pero los opositores al acuerdo señalan a los socialistas como responsables de dar un vuelco a la situación. Y, teniendo en cuenta la división existente en su grupo, muchos parlamentarios lo intentarán.

 

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Detrás del “¿Por qué no te callas?”

 

¿Respeto?

El dinero es deuda

Documental donde se explica cómo se crea y funciona el dinero.

 

 

La Europa totalitaria en evidencia

CI0UEaTW8AADPp4En Grecia se ha puesto en marcha —¡qué paradoja de la historia!— el proceso al que más temen las autoridades europeas, la democracia que permite revelar las preferencias y los intereses de la gente.

Durante años, los que gobiernan vienen diciendo que todo lo que hacen es por el bien de los ciudadanos y que las medidas que toman son las que más convienen a todos. Aunque las encuestas —como el Eurobarómetro de diciembre pasado— son claras y vienen mostrando desde hace mucho tiempo que no es eso precisamente lo que piensan los europeos.

. Solo el 25% cree que las cosas van por la buena dirección en Europa, solo el 29% tiene confianza en su gobierno y solo el 37% en la Unión Europea.

. Solo el 40% cree que su voz cuenta en la Unión Europea, solo el 43% está satisfecho con la democracia existente en la UE y solo el 40% cree que los intereses de su país han sido tomados en cuenta por sus diferentes instituciones.

Pero esas encuestas las lee muy poca gente y además están precocinadas para que no hagan demasiado daño a los gobernantes.

Lo que sí les duele de verdad a todos ellos es lo que acaba de pasar en Grecia, que se vea claramente y sin ningún tipo de dudas que la inmensa mayoría de la población no cree lo que le dicen, y que no quiere que se sigan imponiendo esas políticas que dicen aplicar por el bien de la mayoría porque la verdad es que son contrarias a los intereses mayoritarios de la población. Por eso querían evitar el referendum y por eso se van a vengar ahora de Grecia con toda su fuerza.

Al pueblo heleno no le van a perdonar que haya tirado de la manta para poner en evidencia a la Europa totalitaria que con palabrería vacía gobierna en contra de lo que quiere la mayoría de los europeos.

Las autoridades europeas y los economistas que defienden las políticas que se vienen imponiendo en Europa en los últimos años se empeñan en presentar las cosas como resultado de una disyuntiva: o se hace lo que dicen ellos, o vendrá el caos. Basta oírlos día a día en los medios de comunicación, donde aparecen sin descanso.

Por un lado, se presentan ellos y sus propuestas sensatas y cargadas siempre de una lógica que a primera vista suena como indiscutible: hay que moderar los salarios y eliminar derechos laborales —aunque a esto lo llaman flexibilizar— para que se creen puestos de trabajo, hay que reducir los gastos del Estado en servicios públicos o en pensiones porque suponen una carga que no nos podemos permitir, los impuestos son innecesarios y es mejor bajarlos, hay que privatizar las empresas y servicios públicos porque los privados funcionan mejor y todo eso es todavía más imprescindible ahora porque hemos de reducir la deuda por encima de todo… En ese bando están Merkel o Rajoy y los economistas que los acompañan con su fundamentalismo ideológico para justificar estas medidas que a la postre solo están beneficiando a las grandes empresas y patrimonios.

En el otro lado estamos todos los demás, los que no sabemos nada —según dicen—, los que solo vamos a traer el caos y la pobreza, los que con nuestras propuestas haremos que salgan capitales a montones, los que arruinaremos a los pensionistas y haremos que el paro se multiplique. Ahí están ahora, Syriza o Varoufakis.

Da igual que junto a estos últimos se encuentren premios Nobel de Economía como Krugman o Stiglitz y muchos más como ellos, de primera fila y de valía reconocida desde hace años en las instituciones académicas más rigurosas del mundo. Da igual que los datos demuestren sin ningún tipo de dudas lo que es evidente: que quienes dicen que no saben nada han sido los que supieron predecir lo que ocurrió, mientras que quienes han producido una crisis gigantesca, millones de desempleados, quiebras bancarias, huida de capitales, destrucción de cientos de miles de empresas, la ruina de pensionistas y de millones de familias son los que ahora se presentan como los únicos sabios capaces de solucionar los problemas que tenemos. Y da igual que las hemerotecas demuestren sin lugar a dudas que todos ellos se equivocaron, que negaron la crisis o dijeron que sería pasajera o sin importancia, y que no supieron prever lo que iba a suceder. Ahora, los que más erraron en sus predicciones se empeñan en decirnos que saben lo que hay que hacer para afrontar con éxito el futuro.

Todo esto es una farsa de dimensiones colosales y han hecho todo lo posible para evitar un referendum como el griego porque saben que eso es lo que la pone al descubierto.

Nos vienen diciendo que la alternativa es entre los sabios y los inútiles, entre los que saben hacer bien las cosas y los que traen el caos pero ahora se comprueba que la opción, en realidad, es otra: entre quienes respetan los intereses y las preferencias de la mayoría y los que no, entre los que reclamamos democracia para afrontar los asuntos económicos y los que acaban con ella para favorecer a unos pocos.

Mañana podrán destrozar a Grecia —lo harán si pueden—, podrán permitir que capitales especulativos de los grandes bancos y fondos de inversión sigan desmantelando empresas y economías enteras, podrán permitir que los bancos hagan lo que les plazca y provoquen otra crisis, podrán quitarnos todos los derechos y entregarles a los capitales privados todos los servicios públicos, podrán endeudarnos hasta las cejas para que los bancos hagan negocio, pero ya no van a poder decir nunca más, como vienen diciendo, que lo hacen por el bien de todos, porque lo necesita y quiere la mayoría de la población y en defensa de la democracia.

La Europa totalitaria que ha impuesto una política de resultados nefastos en contra de los intereses mayoritarios de la población ha quedado en evidencia. Un pueblo pequeño pero con valor le ha quitado la máscara y los que gobiernan Europa ya no podrán disimular lo que hacen de veras ni en beneficio de quién actúan.

Y ha quedado en evidencia porque ya se ha puesto sobre el tapete europeo un principio fundamental que el filósofo alemán Jürgen Habermas expresó con toda claridad hace unos días: “Las élites políticas de Europa no pueden seguir ocultándose de sus electores, escamoteando incluso las alternativas ante las que nos sitúa una unión monetaria políticamente incompleta. Son los ciudadanos, no los banqueros, quienes tienen que decir la última palabra sobre las cuestiones que afectan al destino europeo” (El gobierno de los banqueros. El País, 28 de junio de 2015).

Desgraciadamente, no cabe esperar grandes cambios en los gobernantes europeos. Si hasta ahora no han tenido en cuenta las preferencias mayoritarias de la población europea, no van a cambiar de actitud porque se les haya levantado un pueblo para ellos rebelde y simplemente mal gobernado (los estereotipos están para algo). Van a intentar destruir a Grecia porque hoy día Grecia es la democracia, una china que la Europa totalitaria no puede consentir llevar en el zapato. Acabarán con Grecia antes de ceder, aunque sea a costa de un baño de sangre. Ya lo han hecho así en muchos otros países.

Si todavía quedara un gramo de cordura en Europa las cosas podrían empezar a resolverse con relativa facilidad. Grecia necesita liquidez en condiciones que no le impidan generar nuevos ingresos y en cantidades que no suponen problema ninguno para instituciones que han dado graciosamente billones de euros a la banca privada. También una negociación de la deuda que simplemente le permita tomar aire ajustando pagos al rendimiento económico y que respete principios de justicia universal a los que tiene el derecho de acogerse. Necesita reformas que acaben cuanto antes con la estela de corrupción y robo que dejaron los gobiernos conservadores y, puesto que no cabe pensar que cambie a corto plazo la actual institucionalidad del euro en cuyo seno mal diseñado Grecia no tiene salvación posible, necesita disponer de una moneda complementaria que resuelva los problemas de financiación y de demanda efectiva que hoy atenazan a una economía que casi ha perdido un tercio de su magnitud en seis o siete años.

La tentación de la Europa totalitaria es acabar del todo y por las buenas con la pesadilla griega de Syriza, algo que pueden hacer sin demasiada dificultad y rápidamente, pero será difícil de olvidar en el futuro lo que podría venir detrás si cometen semejante barbaridad.

Ahora cuando empieza el verdadero sufrimiento de Grecia, porque no le van a perdonar que haya hecho frente al monstruo. Por eso es más necesario que nunca que la demanda de una Europa democrática en donde gobiernen los pueblos y no los banqueros inunde todos sus rincones. Y que otros pueblos de Europa acompañen al griego desenmascarando el régimen totalitario y antidemocrático que gobierna la Unión Europea.

El principio del fin de esta Europa antidemocrática e injusta

Durante estos años hemos visto el acto de mayor agresión que haya sufrido un país europeo desde la II Guerra Mundial. Una guerra ha estado ocurriendo, con miles de muertos, con muchos daños y sufrimientos y una gran destrucción de propiedad pública y privada (alcanzando un valor equivalente a un cuarto de su riqueza total), dejando al país –Grecia- en una enorme ruina y miseria. Y esta última semana vimos lo que fue diseñado por los agresores como la semana final, donde se vería la derrota definitiva de aquellos que se levantaron para resistir tanta agresión. Esta hostilidad bélica ha sido en contra de las clases populares de Grecia, realizada por las clases pudientes de aquel país y por las élites gobernantes de la Unión Europea y su mayor instrumento de presión, el Banco Central Europeo (BCE), con la ayuda del Fondo Monetario Internacional (FMI), instrumentos tan destructores de vidas y propiedades como las bombas de destrucción masiva de carácter militar. Durante la batalla final, que iba a culminar con su victoria, el Banco Central Europeo asfixió a tales clases populares, no permitiéndoles el acceso a su propia propiedad y a fondos con los que sobrevivir en el periodo clave de la batalla, que tomaba lugar esa semana.

Nunca antes se había visto una situación semejante en Europa. El famoso corralito al que el BCE forzó en el Estado griego y que limitaba el acceso de las clases populares a los medios elementales de subsistencia, era una medida de enorme presión para poder derrotar y ganar la guerra en el momento en el que el pueblo griego tenía que decidir, imponiéndole el voto a favor de los intereses financieros representados por la Troika (el BCE, el FMI y la Comisión Europea), por el Eurogrupo y por los gobiernos de la Eurozona, liderados por el alemán, con la alianza servil de la derecha española representada por el gobierno del Partido Popular.

La farsa de la supuesta ayuda a Grecia

La justificación de tal batalla era que los gobiernos de la Eurozona querían recuperar el dinero que según ellos prestaron a Grecia, utilizando el argumento de que los pensionistas de los países europeos habían prestado dinero al gobierno griego para que pudiera pagar las pensiones (que se presentaban como exuberantes) a las clases populares griegas. Dicho argumento era parte de la guerra que ha estado ocurriendo, intentando movilizar a las clases populares de los países de la Eurozona a favor de la agresión al pueblo griego. Nunca antes la manipulación mediática había alcanzado tales niveles. Esta movilización tenía como objetivo ocultar la realidad. El dinero, de hecho, no era para que el Estado griego pagara las pensiones, sino para que el Estado griego pagara a los bancos privados (alemanes, franceses, españoles, entre otros) a través de sus Estados. Eran estos Estados los que habían salvado a los bancos privados (que habían comprado bonos públicos del Estado griego, a unos intereses abusivos y exagerados -consecuencia de que el BCE sea, en realidad, un lobby de aquellos bancos) comprándoles todos los bonos públicos griegos, pasando a ser estos Estados los propietarios de tal deuda pública.

Presentar la transferencia de fondos de la Troika y de los Estados europeos como una ayuda al pueblo griego es una de las mentiras más demagógicas que han sido proferidas por parte del establishment financiero europeo, y que se han promovido a través de los medios de comunicación afines a tales intereses (que son la mayoría). Esta supuesta ayuda a Grecia ha ido a parar a los bancos privados, puesto que si los bancos hubieran tenido que absorber el no pago de la deuda, el Estado griego no tendría que verse ahora forzado a pagarles. El mercado financiero nunca es, en realidad, un mercado en el que los riesgos se distribuyan equitativamente. Los poderosos, como los bancos, nunca pierden. Siempre hay los Estados que los rescatan a base de sus fondos públicos. Estos rescates, por cierto, carecen de mandato popular, pues nunca tales medidas de rescate han estado en las ofertas electorales de los partidos gobernantes. Cuando el Presidente del Parlamento Europeo, el socialista Martin Schulz (en la noche del domingo cuando se supo del rechazo masivo del pueblo griego a las propuestas hechas por la Troika y el establishment europeo), respondió a tal rechazo insistiendo que el pueblo griego tiene que aceptar que detrás de las exigencias de la Troika está la voluntad expresada por los pueblos europeos a través de sus gobiernos, estaba faltando a la verdad. Los pueblos europeos nunca han votado sobre la necesidad de tales políticas de austeridad, ni en Grecia ni en sus propios países. En realidad, todas las encuestas muestran la enorme impopularidad de tales medidas a lo largo del territorio de la Eurozona, siendo ellas la causa del gran deterioro de la popularidad del sistema de gobernanza de la Eurozona, hoy una de las más bajas en su historia.

Las armas de destrucción masiva: el BCE y el FMI

Ha sido el Banco Central Europeo el que ahora ha puesto una pistola en la sien de cada ciudadano griego, en el momento de votar, diciéndole que si votaba NO, es decir, a favor de interrumpir las políticas de austeridad, él o ella no podrían ya conseguir más dinero y perderían el ya existente. Y todo ello en un ambiente que se ha caracterizado por la total ausencia de libertad de expresión y democracia, en que los mayores medios de información en Grecia los controlaban aquellos intereses económicos y financieros. En Grecia, como en España, la gran mayoría –por no decir todos- de los medios de información y persuasión los controlan los intereses financieros y económicos y las clases pudientes del país, y cuyos intereses defienden y representan, en su mayor parte, los mayores partidos de la oposición en el parlamento griego. Como bien señalaba el New York Times (International New York Times, Saturday-Sunday 04-05.07.15, p. 3), los principales medios de información griegos carecen de la más mínima diversidad ideológica. Los mismos medios que habían ocultado el enorme sufrimiento de las clases populares griegas durante todos los años de austeridad, ahora presentaban las políticas del gobierno Syriza (que intentaba paliar y prevenir la continuidad de tales daños) como las responsables del deterioro padecido, apoyando el SI en el referéndum que tendría como objetivo el continuar aquellas políticas que han causado tanto daño y tanto sufrimiento. La cobertura de lo que ha estado ocurriendo en Grecia por dichos medios ha sido muy sesgada (como lo ha sido también en España), ofreciendo todo el espacio mediático a los que apoyaban el SI, negándoselo a los que promovían el NO. Según el New York Times, todas las televisiones han dado mucho más espacio a los primeros que a los segundos. Solo un canal, ERT, que había sido cerrado durante el gobierno anterior, dio el mismo espacio a los dos bandos.

Los mayores medios griegos expresaron una enorme hostilidad hacia el gobierno Syriza, porque este quiere diversificar y extender la muy limitada libertad de expresión hoy existente en el país. En Grecia, como en España y como en América Latina, la muy acentuada falta de diversidad de los medios es el mayor problema que tiene el sistema mal llamado democrático. Así, el ex Primer Ministro griego Antonis Samarás, responsable de las medidas impuestas por la Troika en Grecia, ha tenido mucho más acceso a tales medios en su defensa del SI que el Sr. Tsipras en defensa del NO. Y en todos estos medios griegos, el mensaje que le llegaba al ciudadano era que lo que la ciudadanía estaba experimentando en Grecia esta semana, incluyendo el corralito, era resultado de la incompetencia y rigidez del gobierno Syriza.

La complicidad de los medios de información españoles (incluyendo los catalanes) en el ataque a Syriza

Esta cobertura tan sesgada caracterizó también a los grandes medios españoles, ya que todos ellos culpabilizaron a Syriza del desastre que estaba viviendo Grecia. El País publicó dos días antes del referéndum un artículo de increíble mezquindad, mintiendo a sabiendas sobre Syriza, escribiendo que este partido se había aliado nada menos que con “el partido nazi griego”, Amanecer Dorado (?!), para imponer el referéndum al pueblo griego. Incluso por los estándares de manipulación que han venido caracterizando a las noticias y reportajes sobre Grecia en este rotativo, este escrito alcanzaba un nivel difícil de superar. El autor de este artículo –Bernard-Henri Levy- es el darling del establishment francés y español, dócil y servil siempre con las estructuras de poder, que ya en su día lideró la movilización mediática a favor de la invasión de Libia, con el objetivo de cambiar el gobierno en aquel país, creando un enorme vacío responsable ahora de que Libia sea uno de los mayores centros de yihadismo, causando la enorme crisis del Mediterráneo. Voces como la de tal personaje no solo son marionetas del poder, sino incompetentes, responsables de enormes desastres. Pero la continua producción de falsedades no es obstáculo para que continúen gozando de grandes cajas de resonancia para promover su ideario auténticamente reaccionario.

La victoria frente al terrorismo y frente al miedo

Es un hecho de proporciones históricas que la población diera un rotundo apoyo al gobierno Syriza, diciendo BASTA YA a la agresividad de los centros de poder europeos. Y como era de esperar, la mayor parte del apoyo provino de las clases populares, siendo las clases más adineradas las que apoyaron el SI, en su intento de deshacerse de Syriza. Pero no lo consiguieron. En realidad, Syriza salió reforzada en esta alternativa. Y ello muestra que, a pesar del enorme poder del establishment europeo, con medidas enormemente hostiles y agresivas, la mayoría de la población tuvo la valentía y coraje de decir NO. Es un ejemplo para el resto de los pueblos que viven en los países de la Eurozona.

Grecia no saldrá del euro, como ya les indiqué en pasados artículos. El argumento de que las clases populares tienen que hacer grandes sacrificios para, en teoría, salvar el euro, es el argumento más utilizado en los mayores medios de información. Y ello a pesar de que, como he indicado en muchas ocasiones, el euro nunca ha estado en peligro. Y la causa de ello es que su existencia beneficia enormemente al capital financiero hegemonizado por el alemán. El Presidente del Banco Central Alemán, el Bundesbank, acaba de declarar que la salida de Grecia del euro dañaría enormemente los intereses de aquel capital. Lo que tal estructura de poder deseaba, como indiqué ya hace tiempo, no era echar a Grecia del euro, sino echar a Syriza del gobierno. Y no lo ha conseguido. Se abren ahora toda una serie de posibilidades. Y aunque es altamente improbable, lo deseable sería que se realizaran referéndums similares al ocurrido en Grecia, en los que la población de cada uno de los países de la Eurozona pudiera expresar su grado de aceptación o rechazo de las políticas de austeridad que aquellos gobiernos continúan aplicando a pesar del enorme desastre que han estado causando en cada uno de los países donde se han estado implementando.

Un dato de enorme importancia que no ha aparecido en los medios de información es que en ninguno de los países donde su gobierno quería imponer el SI a Grecia se había consultado a la población sobre si aceptaba o no los rescates bancarios, origen de que gran parte de la deuda pública griega la tengan los Estados, en lugar de la banca privada. Lo que sí sabemos es que en cada uno de estos países, los rescates a la banca privada han sido sumamente impopulares. Como indiqué antes, así lo muestran las encuestas. De ahí que presentar las presiones impuestas al gobierno griego para continuar las políticas de austeridad como una respuesta a una petición popular para recuperar los fondos debidos a los pueblos europeos, fondos que han sido mermados por la supuesta ayuda a Grecia, carezca de credibilidad. Es un argumento mezquino para movilizar a la población a que apoye a los gobiernos liderados por el gobierno alemán en su lucha contra el pueblo griego.

Pero el hecho más importante de lo que ocurrió el pasado domingo en Grecia es que el voto claramente mayoritario del pueblo griego muestra que las políticas represivas encaminadas a atemorizar a la población (con medidas terroristas nunca utilizadas con tanta intensidad como en Grecia) no han podido doblegar la existencia de unas clases populares que nos han enseñado a todos los demás que si la gente se organiza y se moviliza, puede vencer y ganar batallas en esta guerra sangrienta que está ocurriendo en este continente. El sí se puede ha señalado una vez más que las clases populares pueden vencer a sus agresores por muy fuertes que estos sean. Ocurrió en Grecia y ocurrirá en el resto de Europa. De ahí que se haya iniciado un movimiento de rechazo frente a este establishment europeo con el apoyo del FMI, exigiendo un cambio hacia otra Europa que sea democrática y justa. Existen ya hoy en Europa grandes movilizaciones que aparecen raramente en los medios, demandando otra Europa cercana a las clases populares en lugar de a las élites gobernantes que representan los intereses sobre todo del capital financiero que hoy domina Europa.

 

Fuente

La jugada maestra de Alexis Tsipras

Los mass-media oficiales, en particular en sus análisis de prensa, se han lanzado a la yugular de Alexis Tsipras por haber preguntado a los máximos interesados por la postura que debe adoptar su ejecutivo. Es la cantinela esperable de quienes piensan que la condición de ciudadano consiste en cumplir con el “vota y calla” que ellos llaman “democracia”, pretendiendo imponer el significado de la palabra a quienes, precisamente, fueron sus creadores. El ejercicio de coherencia del líder griego debería en cambio avergonzar a quienes, como Mariano Rajoy, han incumplido sistemáticamente el 100 % de su programa electoral, aduciendo siempre peregrinas justificaciones.

La opinión de este bloguero es que cuando un partido no puede cumplir lo prometido, debe renovar el depósito de confianza de la sociedad sometiendo a referéndum lo que se aparta de lo prometido. Es lo que ha hecho Syriza desde una legitimidad impecable: “Prometimos no someternos al chantaje de la Troika. Ahora nos plantean un ultimátum. ¿Tragamos o lo rechazamos?”.

Un gobernante no puede decidir por todo un país (como nos venden los oligarcas mafiosos para los que la política es “cosa nostra” y no del hombre de la calle). Esa es la creencia que ha conducido a los países mediterráneos de la U.E. a donde estamos ahora, con la solicitud constante de créditos impagables por parte de quienes no tienen que pagarlos, enrriquecidos además en el proceso de vender la riqueza de sus naciones, “políticos” en el peor sentido de la palabra que han hundido sus países y niegan legitimidad alguna a quienes pretenden resolver la situación con recetas distintas a las suyas, como si ser los causantes del desastre les diera alguna autoridad para opinar sobre él. Y ahora que decide un país, los jerarcas europeos se escandalizan. “Que paguen y sufran, como hicieron los españoles cuando rescataron con sus ahorros a la corrupta banca privada (por cierto, otra medida que Rajoy juró que nunca adoptaría)”.  Bueno, pues parece que los griegos no son tan fáciles de someter, visto el resultado del referéndum.

 Tsipras no solo ha puesto al descubierto el autoritarismo dictatorial de una U.E. que cada vez se parece más a un IVº Reich. Tal vez haya ganado la partida al cambiar su planteamiento. No en vano, su ministro de finanzas es experto en teoría de juegos.

Para hacer una pequeña introducción, me gustaría partir del final del concurso de televisión Golden Balls que consiste en una peculiar versión del dilema del prisionero.

Si ambos jugadores eligen Dividir (Split) se reparten el premio. Si uno de ellos dice Dividir pero el otro elige Robar (Steal), el que roba se lo lleva todo y el otro no recibe nada. Si ambos jugadores deciden robar ninguno de los dos se lleva nada.

La estrategia consiste en convencer al contrario de que vas a elegir dividir y esperar que él haga lo mismo. O sea, en todo momento es un tira y afloja en el que ambos concursantes pueden ser engañados.

Pero un día, un concursante hizo una jugada maestra. Mejor que la veáis:

 

 

Buena jugada, ¿No? Hasta ese momento, el segundo jugador estaba pensándose si debía robar o dividir. Si debía traicionar al otro, si podía confiar en él. Pero el jugador maestro le dice “Yo no me fío de ti y he elegido robar. Si tu robas, perdemos los dos. Si divides, me quedo todo y te prometo que te daré la mitad”.

En ese momento, el dilema era otro. El jugador B sólo tenía dos opciones, o perderlo todo o confiar en el otro y arriesgarse. En todo caso, el otro ya había decidido, así que la pelota estaba en su tejado y la responsabilidad era sólo suya.

La Troika se supone que negocia con los países, pero no lo hace. Sólo impone. A Tsipras le tienden una trampa. Le dan una propuesta que no puede asumir: supone una traición total a sus votantes. Ambos saben que significa de facto renunciar y admitir que sólo pueden gobernar en Europa los de siempre, el PP y el PSOE de cada país (el Pasok y Nueva Democracia en el caso griego, nota del “blogger”).

Tsipras intenta negociar y le dicen que no. Básicamente: “esta es nuestra última propuesta. Ahora, toda la responsabilidad de lo que pase es tuya”. ¿Y qué hace Tsipras?

Darle la vuelta. Pregunta al pueblo si debe aprobar ese acuerdo. Y a la luz de su dictamen (“vox populi, vox dei”), Tsipras proclamará “mi pueblo ha elegido democráticamente no aceptar ese acuerdo. Ahora la pelota está en vuestro tejado. Podéis proponer medidas que mi pueblo acepte o podéis romper la unión europea. Yo ya no mando, el pueblo ha hablado. Pase lo que pase, es responsabilidad vuestra”.

Visto el resultado, ha hecho una jugada de libro. De ser el único responsable a que lo sea sólo la Troika. Ahora es a Merkel a quien presionan Hollande, Obama y los demás. Tsipras sólo es un demócrata.

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