¿Llegó Hitler al poder de forma democrática?

AdolfHitlerEleccionesde1933

Mucho se ha usado eso de “Hitler llegó al poder de forma democrática” para desprestigiar y atacar a todos los partidos, movimientos y personajes que no gustan a la oligarquía. Pero ¿es eso cierto? Vamos a analizar los hechos ocurridos:

Tenemos que remontarnos al final de la Primera Guerra Mundial, hasta el Tratado de Versalles de 1919, este tratado supuso unas humillantes imposiciones para la derrotada Alemania: La cesión del 13% del territorio nacional y de todo el imperio colonial a las potencias imperialistas contrincantes, la entrega de material militar y la prohibición de fabricarlo, y, por supuesto, las cláusulas económicas impuestas para las reparaciones de guerra.

Todo esto provocó un enorme sentimiento de revanchismo entre la población germana, y, especialmente las reparaciones de guerra, supondrían un enorme varapalo para su economía. Un impacto que, sin embargo, durante los “felices años 20” no se notó demasiado, gracias a las prestaciones de los bancos estadounidenses, una situación que no podía ser sostenible por mucho tiempo, tal y como advirtió el mismo Hitler, y así fue, con el crash de la Bolsa de Nueva York de 1929, se acabaron las prestaciones bancarias y la economía alemana tocó fondo, esa “predicción” convirtió a Hitler en una especie de “mesías llegado para salvar a Alemania”.

Esto, unido a un discurso populista, ultra-chovinista y lleno de respuestas fáciles, propició que el NSDAP pasase de un 2% de votantes en 1928 a un 33% en noviembre de 1932, insuficiente para gobernar al no tener la mayoría absoluta. Sin embargo, gracias a las presiones del diputado ultra-conservador Franz von Papen y de oligarcas preocupados ante el crecimiento que también estaban experimentando el KPD (Kommunistische Partei Deutschlands, Partido Comunista de Alemania, 17%) y diversos grupos anarquistas, unido a la huelga general que había convocado el Partido Comunista contra las políticas obrericidas del gobierno, una huelga que el NSDAP (a pesar de su ferviente y bien conocido anticomunismo) estaba dispuesto a apoyar si Hitler no era investido. Ante esta situación, el presidente Paul von Hindenburg nombró a Adolf Hitler canciller “a dedo” el 30 de enero de 1933.

El 20 de febrero, Hitler se reunió con una veintena de oligarcas industriales, entre los que destacaban Gustav Krupp (acerera Krupp) o Carl Bosch (química IG Farben), preocupados por el nuevo gobierno, habían llegado a ver en el Partido Nazi un aliado para frenar el movimiento obrero, pero la amenaza de apoyar la huelga del KPD les metió el miedo en el cuerpo. No obstante, en la reunión Hitler disipó todas las dudas y miedos, prometió “eliminar a los marxistas y al movimiento obrero y recrear el Ejército”.

El 27 de febrero, 6 días antes de unas nuevas elecciones, ocurrió el más que sospechoso (y bastante oportuno para los intereses nazis) incendio del Reichstag, del cual se culpó al KPD (poniendo como cabeza de turco al joven militante comunista holandés Martinus van der Lubbe), aduciendo que había pruebas documentadas de una conspiración (las cuales nunca llegaron a mostrarse al público); iniciándose una campaña de represión contra el KPD, deteniendo a 4000 militantes, incluidos sus parlamentarios, y consiguiendo el pretexto para la inminente Ley Habilitante, que entregaría plenos poderes al gobierno nazi para la aprobación de leyes sin necesidad de la aprobación del Parlamento.

El incendio del Reichstag provocó una ola de histeria entre el pueblo, que se tradujo el 5 de marzo, en un 47% de los votos para el NSDAP (perdiendo el KPD un tercio de sus votos), logrando la mayoría absoluta gracias a la coalición con el monárquico-conservador DNVP (Deutschenationale Volkspartei, Partido Popular Nacional Alemán) y el democristiano Zentrum (Deutsche Zemtrumspartei, Partido de Centro Alemán).

El 23 de marzo se votaría la ya mencionada Ley Habilitante, para cuya aprobación, Hitler necesitaba dos tercios de los votos del Parlamento, los cuales casi tenía gracias a la coalición antes mencionada y al encierro de los 80 parlamentarios del Partido Comunista. Finalmente los consiguió encerrando a 30 de los 120 parlamentarios del Partido Socialdemócrata (Socialdemokratische Partei Deutschlands, SPD), acusados de la conspiración del incendio del Reischtag. El Partido Nazi conseguía así un poder dictatorial que mantendría hasta la Toma de Berlín por el Ejército Rojo en 1945.

 

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Publicado el 04/06/2016 en Principal y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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